Pastores y ovejas: Dios nos llama a una sujeción amorosa

Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos, pues cuidan de ustedes como quienes tienen que rendir cuentas. Obedézcanlos a fin de que ellos cumplan su tarea con alegría y sin quejarse, pues el quejarse no les trae ningún provecho (Hebreos 13:17).

Servir a la Grey del Señor es lo más hermoso que puede sucederle a una persona, esto debido a que la iglesia es el único cuerpo en la tierra que Dios ha prometido bendecir (Mt. 16.18).

Toda la historia de la redención humana, desde Génesis 3.15 hasta Apocalipsis 22.21, habla acerca del sacrificio que Cristo hizo por la Iglesia. Dios decidió hacerse hombre y morir en una cruz para evitar que todo el peso aplastante de la ira del Padre cayera sobre la humanidad. Gálatas 3.13 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”.

Todos los pecadores merecían la muerte. La única consecuencia al desobedecer la ley de Dios era la muerte (Ro. 8.6) y cada día el ser humano infringe la ley consciente o inconscientemente. El libro de Deuteronomio habla de lo que sucede con aquellos que cometen este terrible mal:

No querrá Jehová perdonarlo, sino que entonces humeará la ira de Jehová y su celo sobre el tal hombre, y se asentará sobre él toda maldición escrita en este libro, y Jehová borrará su nombre de debajo del cielo; y lo apartará Jehová de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las maldiciones del pacto escrito en este libro de la ley .

Deuteronomio 29:20-21

Sin embargo, toda la ira de Dios, que estaba preparada para el pecador, recayó sobre Cristo. Ahora Él es su fiel sacerdote y abogado ante el Padre. Como afirmó correctamente Pablo, “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Co. 5.19).

De allí que ser siervo de Cristo es la más prestigiosa obra. “Por tanto”, afirmó el apóstol Pablo, “mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual Él ganó por su propia sangre” (Hch. 20.28).

La Grey es tan importante para Dios que “no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Ro. 8.32), dando a los redimidos libre acceso a los tesoros celestiales.

¿Cómo deben los miembros de una iglesia y sus dirigentes responder ante este sacrificio en la Cruz del Calvario?

Este ensayo propone dos maneras. Por un lado, comprendiendo que todos los miembros de la iglesia son ovejas que deben mirar por sí mismos, es decir, cuidar y perseverar en su santificación y, por otra parte, obedecer a los oficiales de la iglesia, sometiéndose a su instrucción en amor, para aplicar la Palabra en la congregación.

Bosquejo

  1. La responsabilidad de las ovejas (y pastores) con ellas mismas.
  2. La responsabilidad de las ovejas con sus dirigentes.
  3. Razones para la sujeción de las ovejas al liderazgo pastoral:
  4. Porque los pastores representan a Dios en el liderazgo eclesial.
  5. Porque los pastores son responsables ante Dios por las ovejas.
  6. Para que los pastores sirvan con alegría.
  7. Para que los miembros reciban alegría.
  8. Conclusión.

Las responsabilidades de las ovejas (y pastores) con ellas mismas

Una preocupación creciente en círculos eclesiásticos modernos es el hecho de que muy pocos pastores se ven a sí mismo como ovejas que necesitan ser pastoreadas. Es común que, al no implementar una pluralidad de pastores, muchos líderes no rindan cuentas a otros y tampoco aprendan con toda sujeción de los miembros de la iglesia.

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Vale la pena formular dos preguntas al respecto: ¿quién cuida del pastor de la iglesia local? ¿Quién le aconseja y guía en sus momentos de dificultad?

Centenares de congregaciones sólo exigen que sus pastores cuiden de la Grey, pero muy pocos cuidan de ellos. No hay nada más triste para un pastor que ver al rebaño ser indiferente ante esto (cf. 2 Ti. 1:15; 4:16).

Pero no sólo los miembros de la iglesia pueden caer en la tentación de olvidar estos aspectos de la vida eclesiástica; todavía hay pastores que niegan la necesidad rendir cuentas a otros y apoyarse en los miembros de la congregación. Lo anterior puede convertirse en una de las razones principales por las que oficiales abandonan el ministerio.

Es necesario enfatizar en el hecho de que los creyentes de una iglesia son ovejas y miembros que trabajan en interdependencia, y existe uno quien es el verdadero Príncipe de los Pastores, Jesucristo (1 P. 5.4). Fuera de Él, no existe otro pastor; solo ovejas que necesitan cuidado y protección constante.

Para entender esta interdependencia es necesario analizar lo que significa la palabra Grey (poímnion) usada en Hechos 20:28. De acuerdo con Strong, esta palabra griega significa “mandada”[1]; es una metáfora que muestra la esencia misma de la naturaleza de la iglesia. La iglesia es una manada o rebaño que trabaja en conjunto, bajo el liderazgo humilde de los pastores, para alcanzar un ideal específico que es la vida eterna.[2]

Los creyentes de una iglesia son ovejas y miembros que trabajan en interdependencia.

Ahora bien, ¿por qué la iglesia es comparada con una mandada o redil de ovejas? Las ovejas son animales dóciles y en extremo torpes. No pueden subsistir por sí solas, son indefensas y, si se pierden, pronto morirán. La verdad más iluminadora de las Escrituras es que sin pastor no hay ovejas, y sin ovejas no hay pastor. En una iglesia sana es necesario que las ovejas cumplan su labor de obedecer, sujetarse y amar a sus pastores, pero también que los pastores se rodeen de los miembros y sirvan con humildad.

A esto se refería Pablo cuando expresó: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef. 5:21). Matthew Henry explica: “Esa sana «subordinación» es la que se implica en el correcto funcionamiento del organismo espiritual que es la iglesia”.[3]

Es un hecho que los pastores necesitan ser discipulados y aprender a rendir cuenta de sus vidas para que toda la Grey, la manada de Dios, trabaje a su máximo potencial. Como se sostuvo antes, todo dirigente necesita ayuda, orientación, instrucción y consejo.

Parece común aceptar que la iglesia debe estar sometida a los pastores, pero esto es una verdad a medias. La verdad completa es que todos deben someterse unos a otros en el temor de Dios (Ef. 5.21). En el cuerpo de Cristo no hay lugar para cabos sueltos o vigas sin amarrar; todos deben estar constantemente sometidos en humildad.

Todo dirigente necesita ayuda, orientación, instrucción y consejo.

De hecho, la creencia de que sólo los miembros deben someterse a los pastores, pero estos están libres de sumisión a la congregación, viene de la iglesia católicoromana, con toda su corrupción. De acuerdo con Berkhof, la doctrina desarrollada antes de la reforma protestante por dicha facción del cristianismo apuntaba a que el colegio episcopal romano era la máxima autoridad en la tierra en representación de Dios, que además era la ‘verdadera iglesia’ a la cual los fieles debían someterse.[4]

Sin embargo, como afirma el pastor y misionero Rick Johnson, “todos debemos tener un sistema de rendición de cuentas”.[5] Aunque es verdad que la Iglesia está bajo el cuidado y supervisión de los dirigentes, lo cierto es que estos no deben ejercer un ministerio autoritario. Más bien, deben dar cuenta de su labor y contar con el apoyo de otros hermanos que les den buen consejo y dirección.

Si los dirigentes no están sujetos a otros para que conozcan de ellos el estado de sus matrimonios, luchas personales y ministerios, tarde o temprano afectarán el bienestar toda la congregación.

Johnson añade:

Como consecuencia, la Iglesia pasa años paralizada, desorientada o mal enfocada. Ya que no ha buscado a hermanos sabios y bien orientados para que le den consejo en cuanto a los propósitos de Dios, dirección y rendición de cuentas de su vida, (el pastor) termina con un “ministerio” sumamente subjetivo.[6]

Rick Johnson, Lágrimas en el camino de Mileto.

Es crucial para la salud de la Grey que los dirigentes busquen a algunos hermanos dentro y fuera de su iglesia local para que le ayuden con perspectiva y experiencia. Estos hermanos deberían ser sobrios, sabios y maduros, y que tengan peso espiritual, que cuenten con experiencia en el ministerio y que busquen el rostro de Dios en oración; sólo así se garantizará la calidad y pertinencia de las decisiones y objetivos que se plantean en la iglesia.

Obedeced a vuestros pastores

Habiendo argumentado a favor de la necesidad de que los miembros, tanto asistentes como dirigentes, se sometan unos a otros, es necesario tratar las responsabilidades de las ovejas en la vida eclesial.

Uno de los desafíos que puede enfrentar un cuerpo de pastores es una congregación que no se somete a su liderazgo. Esto puede suceder por varios factores. Primero, porque la congregación permaneció mucho tiempo sin pastores y resulta difícil adoptar una metodología de trabajo con una o varias cabezas al frente.

Segundo, porque el pastor o líder, que trabajaba sin un equipo de ancianos, le enseñó a la congregación que las decisiones más importantes las debía tomar la iglesia en asamblea, según el voto de la mayoría.[7]

En tercer lugar, la congregación no ve en su pastor o equipo de ancianos un modelo de autoridad, bien sea por prejuicios de juventud, carácter, enfoque bíblico o cualquier otra característica física, racial o social.

Sin embargo, las Escrituras enseñan que obedecer a las autoridades puestas por Dios es un deber para la iglesia. Dios ha puesto oficiales que le representen legalmente en la iglesia (Ef. 4:11-16) y es menester que cada creyente se someta ellos como a Dios (cf. Ro. 13.1).

El pasaje que sustenta esto es Hebreos 13:17, en el que el escritor exhorta: “obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”.

Porque los pastores representan a Dios en el liderazgo eclesial

La primera razón que presenta el pasaje para la sumisión a los pastores es que ellos tienen la responsabilidad de liderar para Dios a la congregación.

Este ejercicio de autoridad, basado en la predicación de la Palabra, requiere de los dirigentes mansedumbre y humildad (1 P. 5. 3-4). Los pastores son oficiales que sirven bajo la autoridad de “el Príncipe de los Pastores” (1 P. 5.5) y, tal como los líderes de la iglesia deben guiar con amor y humildad, quienes están bajo su cuidado deben someterse en amor y humildad.

Cuando un hombre es designado para liderar a una congregación, la sumisión y obediencia a él es equivalente a someterse y obedecer a Cristo.

Por el contrario:

Cuando no hay líderes llenos del Espíritu que gobiernen bien o personas sumisas que sigan bien, hay caos y desunión en la Iglesia y se abren las puertas a toda clase problemas espirituales.[8]

John MacArthur, El comportamiento cristiano.

Porque los pastores son responsables ante Dios

Ya se ha dicho que la responsabilidad de todo anciano, obispo o pastor es cuidar del bienestar espiritual de la congregación. Pero, ¿cuál es la razón? Hebreos 13:17 declara: “porque ellos velan por nuestras almas, como quienes han de dar cuenta”.

Ser oficial en la iglesia de Cristo es una responsabilidad muy seria, a la cual debe aspirarse con sumo cuidado (cf. Stg. 3:1). El ministerio del anciano no radica en dar cuentas al hombre, a un organismo político, gubernamental, denominacional o institucional; el siervo de Cristo da cuentas principalmente a Dios por el manejo de la iglesia y es frente al trono de Dios en donde será juzgado todo asunto del ministerio.

Por esta razón, Pablo dijo: “yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas” (2 Co. 12:15).  Él sabía que, una vez en el cielo, serán abiertos los libros, y toda obra será juzgada según cada uno hizo en vida (Ap. 20:12).

El pastor Miguel Núñez enseña:

Al igual que los ancianos tendrán que dar cuenta a Dios de cómo lideraron a las ovejas, las ovejas tendrán que dar cuenta también de cómo se sometieron o no a sus líderes y si lo hicieron de manera tal que su trabajo resultara en delicia o una carga muy pesada.[9]

Miguel Núñez, Una iglesia conforme al corazón de Dios.

Para que los pastores sirvan con alegría

Por otra parte, cuando la iglesia se somete humilde y animosamente al liderazgo de sus dirigentes, estos viven la obra con gozo y satisfacción personal. El apóstol Juan apuntaba a esto cuando dijo: “no tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Jn. 4).

La alegría más dulce de un pastor es ver a sus hermanos caminar con el Señor y dar fruto. Pero, por otra parte, una de las experiencias más tristes que puede sobrevenirle a un pastor es pasar años de su vida trabajando con quienes no crecen, no responden al liderazgo y no caminan en la verdad.

Lo que toda iglesia sana debe entender es que sus miembros están en la responsabilidad de ayudar a que sus líderes les sirvan con alegría y satisfacción. Núñez presenta una instructiva lista de las formas en las que una congregación puede privar a sus líderes de ministrar con gozo[10]: se quejan y murmuran todo el tiempo; se resisten a la autoridad pastoral; desafían sus decisiones; crean divisiones en el cuerpo de Cristo; no valoran el cuidado que se tiene sobre ellas; no apoyan con su presencia las actividades de la iglesia.

La alegría más dulce de un pastor es ver a sus hermanos caminar con el Señor y dar fruto.

Y, dado que esta realidad ha acompañado a los pastores de todos los tiempos, Hebreos 13:17 enseña que las ovejas deben someterse a sus pastores con buena voluntad y no de mala gana o por compulsión, para que ellos puedan experimentar alegría en su servicio a Dios.

Es común que haya personas tercas y caprichosas en las iglesias, que privan a los pastores fieles de la alegría que Dios pretende darles. No someterse adecuadamente a los dirigentes puede traerles queja en lugar de alegría y en, consecuencia, esta actitud del corazón le produce dolor y desagrado a Dios, quien los envía para cumplir su santa misión.

Es interesante que la palabra “quejándose” (stenazontes) en Hebreos 13:17, quiere decir “gemido interno no expresado”.[11] Es una queja que sólo suele conocer el pastor, su familia y Dios. En realidad, es increíble cuánto daño se puede hacer al cuerpo de Cristo cuando las ovejas expresan falta de sujeción a sus pastores.

Quizá Jeremías puede ejemplificar cómo se siente experimentar este gemido. En Jeremías 9:1, el profeta declara: “!oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!”. Este hombre había clamado al pueblo de Israel por arrepentimiento, pero ellos decidieron llamarle loco. El libro de Lamentaciones es el fruto de la amarga realidad que producen las consecuencias de la desobediencia del pueblo en un corazón dispuesto a servir.

Ni siquiera Jesús pudo librarse de la queja. En Lucas 13:34 Jesús declara: “!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!”. Para Él fue difícil ver a un pueblo sin pastor y al mismo tiempo sentir la obstinación y el rechazo de los judíos.

De la misma manera, Pablo tuvo que animar al joven Timoteo, pues estaba agobiado por la obra que debía ejercer en Éfeso. La Iglesia estaba liderada por gobernantes que no se conformaban a la sana doctrina y que desconfiaban de la madurez del joven pastor, por lo que Pablo le anima a permanecer, persistir y avivar el fuego del don de Dios que había en él (1 Ti. 4:12; 2 Ti. 1:6).

Por supuesto que los pastores no son perfectos e infalibles. Pueden haber ocasiones en las que se justifica el desacuerdo de un miembro con un pastor. Pero las Escrituras dan directrices claras sobre cuándo y cómo debe confrontarse a un líder (1 Ti. 5.19-20).

Con todo, resulta en mucha bendición y gozo cuando los pastores están tan sujetos a Cristo y su Palabra que la congregación se somete a ellos con entera confianza y libertad.

Porque nosotros recibimos alegría

El texto estudiado expresa otra razón de peso para someterse a los pastores de la iglesia: “para que lo hagan con alegría”.

La consecuencia de un equipo pastoral que sirve con gozo es una congregación que experimenta gozo. La rebelión constante de la iglesia para con los líderes y ancianos evita que sus miembros aprendan y crezcan apropiadamente. Produce esterilidad y amargura espiritual. Cuando los creyentes no tienen un espíritu obediente y amoroso, Dios se desagrada, se produce queja en los pastores y los fieles pierden la alegría de pertenecer a la congregación.

Pablo dijo a los Filipenses: “y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo” (Fil. 2.18). La felicidad de los dirigentes y de los miembros es, sin duda, un indicio de que una iglesia es espiritualmente sana. MacArthur explica que “nunca se encontrará un pastor verdaderamente feliz sin una congregación feliz, o una congregación feliz sin un pastor feliz”.[12]

La consecuencia de un equipo pastoral que sirve con gozo es una congregación que experimenta gozo.

Ahora bien, vale la pena aclarar que esta sumisión hacia los dirigentes no es para darles razones para ser felices, pues el gozo de ellos debe ser el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Fil. 3:15). La sumisión y alta estima hacia los pastores se debe a su trabajo (cf. 1 Ts. 5:12-13a). “Esta honra se manifiesta con el sometimiento al liderazgo establecido por Dios, con el respeto y apoyo económico requeridos”, señala Núñez.[13]

Conclusiones

La iglesia de Dios es un rebaño comprado a precio de sangre, que revela la alta estima que el Señor tiene por los que son suyos. Una vez constituida la iglesia por medio del ministerio de los apóstoles y profetas, el Espíritu Santo dotó a hombres fieles para que la dirigieran con humildad y autoridad bíblica. Una de las banderas que promulgó la iglesia en este ejercicio pastoral fue el sometimiento de unos con otros, para el fortalecimiento de cada uno de los miembros en particular.

Un indicio de que una iglesia es sana es que los pastores son discipulados y rinden cuentas de sus acciones, pero también que las ovejas se someten voluntaria y amorosamente a su guía e instrucción.

Cuando una congregación ama a sus pastores producen alegría en sus servicios y revitalizan las fuerzas de la Grey; por el contrario, cuando una iglesia se rehúsa a someterse a sus líderes, experimenta esterilidad espiritual y un espíritu de queja que no permite a los miembros avanzar hacia el cumplimiento de la Gran Comisión.

Sin duda, Hebreos 13:17 es un texto digno de ser estudiado, predicado y aplicado por todos los miembros de la congregación, para la promoción de actitudes virtuosas que ensanchen la gracia de Dios en los corazones de todos.


[1] James Strong, Concordancia Strong (Miami, Estados Unidos: Editorial Caribe, 2002), 69.

[2] Matthew Henry, 1 Pedro, en Comentario bíblico de Matthew Henry (Barcelona, España: editorial CLIE, 1999), 1856.

[3] Matthew Henry, Efesios, en Comentario bíblico de Matthew Henry (Barcelona, España: editorial CLIE, 1999), 1687.

[4] Louis Berkhof, La iglesia, en Teología Sistemática (Grand Rapids, Estados Unidos: Libros Desafío, 2009), 666-667.

[5] Rick Johnson, El enfoque de trabajo de los dirigentes y dáconos, en Lágrimas en el Camino de Mileto (San Diego, Estados Unidos: Action Ministries, 2013), 280.

[6] Rick Johnson, El enfoque de trabajo de los dirigentes y dáconos, 280-281.

[7] A este sistema de gobierno el pastor Julio Benítez lo cataloga como “Sistema congregacional pleno”. Aunque en principio parece un modelo de gobierno ideal, propio de las sociedades democráticas del siglo XXI, lo cierto es que encarna ciertos problemas, el primero y el más importante es que no cuenta con sustento bíblico; el segundo es que le da a la congregación una autoridad igual o superior a los oficiales, y esto sin que medie la Palabra de Dios como el único instrumento que define la conducta de fe y práctica para la congregación. Es de resaltar que Cristo ha dotado a la iglesia con oficiales capaces de dirigir los asuntos del ministerio por medio de la predicación, la administración de los sacramentos y la disciplina (Ef. 4:11-16).  Julio Benítez, “Eclesiología con el pastor Julio Cesar Benítez, vídeo 14”, Seminario Reformado Latinoamericano, 2019, video, 47m10s, https://tinyurl.com/y9k67f4h.

[8] John MacArthur, El comportamiento cristiano en relación con Dios, en Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, Hebreos (Michigan, Estados Unidos: Portavoz, 2014), 449.

[9] Miguel Núñez, Las ovejas y sus responsabilidades, en Una iglesia conforme al corazón de Dios (Nashville, Estados Unidos: B&H Publish Group, 2018), 330.

[10] Miguel Núñez, Las ovejas y sus responsabilidades, 329.

[11] James Strong, Concordancia Strong, 79.

[12] John MacArthur, El comportamiento cristiano en relación con Dios, 451.

[13] Miguel Núñez, Las ovejas y sus responsabilidades, 330.