¿Es tu familia el primer ministerio?

«Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo» (1 Timoteo 5:8).

Hace un tiempo me ofrecieron un trabajo en Bogotá (Colombia) para ocupar un cargo que había esperado por muchos años. Y llegó en una etapa crucial: el embarazo y parto de mi esposa.

Cuando me dieron la noticia, yo estaba en Cali, una ciudad ubicada a unas diez horas de distancia. De aceptar el empleo, debía separarme de mi esposa por varios meses mientras ella cumplía su licencia de maternidad. Así que, luego de pensarlo con mi familia, viajé a Bogotá y me presenté en el trabajo.

Con el paso del tiempo, sentí que algo no encajaba. Comprobé que una videollamada o un mensaje de texto no eran suficientes para brindar el apoyo que mi familia necesitaba. Así que, cierto día, sentado en un banquillo del centro de la ciudad, me pregunté: ¿es prudente estar separado de mi familia? ¿Vale la pena el costo?

El apóstol Pablo enseñó: «Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo» (1 Timoteo 5:8). Proveer no sólo se refiere a brindar recursos económicos, sino también tiempo, sustento emocional y cuidado espiritual.

Conozco familias que han decidido separarse durante un largo tiempo para asegurar un mejor futuro; aunque cada pareja tiene sus razones, cuando tomamos decisiones que involucran a nuestras parejas e hijos debemos tener en cuenta un principio espiritual: la familia es nuestro primer ministerio.

«Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gn. 2:24, lee Eclesiastés 4:9-10 y Efesios 5:25). Durante mi estadía en Bogotá, Dios me enseñó esta valiosa lección. Para quienes tenemos a cargo una familia, nuestra primera misión es amarla y gobernarla.

Si has puesto en primer lugar tu profesión o tus metas personales, considera esto: Dios te regaló un hermoso hogar que debes cuidar. Cuando el Señor me exhortó en este asunto, regresé a mi casa y corregí mi rumbo (por su Gracia, Dios me dio un nuevo y mejor empleo).

Piensa en esto

  • El Señor quiere que proveamos para nuestras familias antes que a cualquier otra cosa.
  • Demostramos nuestra fe al cuidar, proteger e inspirar a los miembros de nuestra casa.
  • Nuestra familia es el gran proyecto de nuestras vidas y el ministerio más importante.

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