Sí, espera en el gran Yo Soy

Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová».

Salmos 27:14.

El Salmo 27 es quizá una de las oraciones más esperanzadoras del rey David. Desde el primer versículo, el rey de Israel hace esta tremenda confesión: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? (Salmos 27:1).

En el anterior devocional les dije que la fe de David era extraordinaria, porque él sabía la clase de Dios que tenía. Su visión de Dios era grande; él conocía que junto a él estaba nada más y nada menos que el Rey de todo mundo y el creador del universo.

Como el guerrero que fue, David se enfrentó muchas veces a otros ejércitos en cruentas batallas; padeció la traición de sus amigos; sufrió persecuciones y calumnias. Fue mal entendido, burlado y acorralado hasta la angustia.

Aun así, este hombre había determinado en su corazón conocer a su Señor. Nada había más importante para David que habitar “en la casa de Jehová todos los días de [su] vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (v. 4).

David era un ejemplo vivo de las palabras que declaró el profeta Daniel en el capítulo 11, versículo 32: “mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. David conocía a Dios.

Por lo tanto, cimentado en la Roca que es Cristo, escribió esta declaración de fe: “Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová”. Como un rey victorioso, David, inspirado por el Espíritu Santo, nos exhorta con estas palabras: “Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová”.

En primer lugar, David nos dice: “aguarda a Jehová”. La palabra “aguarda” en el idioma hebreo se refiere a “atarse” o “ligarse” a algo. Tiene la idea de amarrarse uno mismo a otra cosa. ¿A qué debe atarse el creyente? A Jehová. Jehová es la palabra en español para el nombre de Dios, que significa: “YO SOY EL QUE SOY”.

Dios es el Yo Soy, esto quiere decir que Él es el que existe desde la eternidad, el que era en el principio de todas las cosas, el eterno, el soberano y el creador del universo. Este nombre quiere decir que Dios está elevado sobre todas sus criaturas en magnificencia. Él es único, no hay nadie que se pueda comparar con Dios. En Isaías 46:9, Dios dice: “porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí”. David nos invita a atarnos al Eterno; amarrarnos como con una cuerda al gran Yo Soy, y esperar allí, con paciencia.

Quiero preguntarte, cuando atraviesas por momentos de duda y aflicción, ¿te amarras a Dios con todas tus fuerzas y esperas en Él? O, por el contrario, ¿la impaciencia te hace buscar tu propia solución al problema?

No es fácil atarse y esperar en Dios. En ocasiones queremos una solución rápida que nos quite el peso de la aflicción, y le decimos a Dios: “Señor, tú estás tardando mucho, yo me ocuparé de este asunto”.

Por eso, David nos advierte de no caer en esta tentación, y nos dice: “Esfuérzate, y aliéntese tu corazón”. ¡No te sueltes del Gran Yo Soy! La palabra “esfuérzate” en el idioma hebreo significa “abrázate con fuerza, agárrate con firmeza”. Amado, empuña las manos y no sueltes a Cristo, resiste en medio de tu aflicción, aférrate a Él; sé obstinado y valiente, no des el brazo a torcer, no te rindas, agárrate duro; esfuérzate y espera, espera…”.

¿Quién dijo que esperar es fácil? Mantenerse en espera en oración, día y noche, en ayunos, y meditaciones, en lloros y clamores hasta que Dios responda no es fácil. Por eso, el rey David nos dice: “aliéntese tu corazón”. Aliéntate. Cobra ánimo, no te rindas, persiste, batalla, no cedas ante tu impaciencia, y espera, espera…

Tú que me escuchas, te aseguro que todavía puedes orar un poco más; te aseguro que todavía puedes meditar un poco más; te aseguro que todavía puedes esperar un poco más; aliéntese tu corazón, esfuérzate y amárrate firmemente al que dijo: Yo Soy el pan de vida (Juan 6:35); Yo Soy la luz (Juan 8:12); Yo Soy la puerta (Juan 10:9); Yo Soy el buen pastor (Juan 10:11); Yo Soy la resurrección y la vida (Juan 11:25-26); Yo Soy el camino, y la verdad y la vida (Juan 14:6); Yo Soy la vid verdadera (Juan 15:5).

Sí, espera en el gran Yo Soy, espera en Cristo.

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