El alto llamado de Dios para la mujer

El Proverbio 14:1 dice: “La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba”.

En este Proverbio, el escritor inspirado hace una declaración sobre las mujeres virtuosas. En otros pasajes desarrollará más aspectos sobre este mismo tema, como en el capítulo 31, versículos 10 al 31, pero en este da una introducción acerca de los principios que hacen de una mujer una persona sabia ante los ojos de Dios.

Este proverbio es muy importante, pues describe tanto el rol como la trascendencia del llamado de las mujeres a edificar su hogar. Abordemos este pasaje palabra por palabra.

Lo primero que dice el Proverbio es que la mujer sabia edifica su casa. Cuando el escritor dice “la mujer sabia”, se refiere a la que teme al Señor. En el capítulo 1, versículo 7, el rey Salomón dijo que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Por tanto, la mujer del capítulo 14 no es cualquier mujer, es una que tiene como centro de su vida a Dios. Esta mujer es, en primer lugar, una mujer reverente. Su meta es la gloria de Dios y la exaltación de su nombre. Ella no persigue sus propios intereses, no busca tomar la codiciada fruta de la independencia que comió Eva en el Edén, más bien es una mujer que ha determinado sobre todas las cosas guardar su corazón del pecado, y consagrarse para su Señor.

Es importante resaltar esto, porque de quien habla el Espíritu Santo aquí es de la mujer que ha creído en Cristo como su Señor y Salvador personal. Precisamente, el contraste que hace el escritor con la mujer sabia es la mujer necia. Varios Proverbios enseñan que una persona necia es la que no tiene en cuenta a Dios en sus caminos. Ella se rige por sus propias normas, es independiente, dueña de sí misma y de su propio destino. Como manifiesta el Proverbio 14:9, la persona necia es una que se mofa de su pecado, rechaza la instrucción de Dios y corre tras los deleites del mundo.

El proverbio hace este contraste para señalarnos que el rol que desempeña la mujer sabia, en comparación con el que desempeña la mujer necia, es el diseño que Dios preparó para familia. La mujer sabia es una que edifica su casa; la mujer necia es una que lo destruye. La mujer sabia es una que tiene como epicentro de glorificación a Dios su hogar. En el idioma hebreo La frase: “edifica su casa” tiene la idea de un albañil que construye una casa ladrillo a ladrillo. La mujer sabia pone cimientos, construye, repara y restaura su hogar. ¡Y vaya que es una tarea de suprema importancia!

Me parece curioso que el Espíritu Santo aplique este oficio a la mujer en su hogar, porque era precisamente el oficio que representaba (y todavía representa) la hombría. En todo el mundo, el oficio de albañil está destinado exclusivamente a los hombres, pues se cree que ellos tienen la fuerza para cargar los pesados bultos de cemento, las largas varillas de acero y manejar pesados camiones. Si hay un oficio que se pueda considerar el más masculino es este.

En la época del Antiguo Testamento era igual. En la época de Salomón, el rey construyó el primer templo de Israel, y se dice que utilizó miles y miles de obreros para su construcción, todos ellos hombres. Era muy extraño, casi que imposible ver a una mujer realizando estos esfuerzos fuera de casa; pero Salomón se detuvo a pensar y llegó a la conclusión de que así como los hombres son capaces de levantar pesadas murallas y edificar toda una ciudad con su fuerza, las mujeres pueden, y deben, edificar con esfuerzo sus propios hogares.

En otras palabras, los hombres están llamados a echar los fundamentos de una ciudad, mas las mujeres a edificar a las familias que viven en ella. La mujer sabia es una cuya principal labor en la tierra es levantar su familia en principios y valores que glorifiquen a Dios.

En 1 Timoteo 2:9 y 10 Pablo escribió que el deseo de Dios para la mujer es que se atavíen de buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. En el versículo 15 también dice que el alto llamado para la mujer piadosa es criar a sus hijos, permaneciendo en fe, amor y santificación, con modestia.

En 1 Timoteo 3:11, Pablo dice que las esposas de los diáconos deben ser honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.

En el capítulo 5, versículo 14, Pablo dice que las viudas de mayor edad que pueden ser sostenidas por la iglesia deben ser aquellas que tienen testimonio de buenas obras, que criaron hijos, que practicaron la hospitalidad, que lavaron los pies de los creyentes, socorrido a los afligidos y practicado toda buena obra.

En el versículo 14, Pablo dice que las viudas jóvenes tienen un llamado de parte de Dios a construir un nuevo hogar, criar hijos, gobernar su casa, que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia.

En Tito 2:3, el Espíritu Santo dice que las mujeres maduras deben ser reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.

Como puedes ver, el rol de la mujer es muy importante, pues su tarea consiste en glorificar a Dios al edificar su hogar. El hombre tiene el llamado de edificar a Dios de otras maneras; a nosotros se nos ha confiado el proveer para las necesidades de los nuestros, proveer instrucción bíblica, y servir en la iglesia como sobreveedores, para la gloria de Dios; pero mientras el ministerio del hombre se enfoca en el desarrollo de lo que rodea a la familia, el ministerio de la mujer se enfoca en el desarrollo de lo que está en el seno de la familia. Ambos, como ayudas idóneas, son un complemento que provee sostén a la sociedad, desde dentro hacia afuera.

Todo esto nos conduce al contraste antes mencionado: la mujer necia, la que no tiene en cuenta el rol que Dios diseñó para ella desde la creación del mundo, con sus manos destruye su hogar. Para nadie es un secreto que el descuido de los roles en el hogar por parte de las mujeres ha conducido a una crisis al interior de las familias que está redundando en divorcios, pleitos y disensiones.

Por su puesto que los hombres también tienen la culpa; el pecado ha convertido en tiranos a quienes se supone que deben ser ejemplo y amar como Cristo amó la iglesia. Sin embargo, cuando una mujer abandona su llamado supremo, las familias sufren.

¿Cuándo una mujer abandona su llamado supremo?

Bueno, cuando practica lo contrario que debe hacer una mujer sabia. Ella no edifica su hogar, edifica su propio proyecto de vida. Ella no instruye a sus hijos en el camino de Dios y en su vida académica y profesional, sino que invierte todo su tiempo en sus quehaceres y pasatiempos. Ella descuida la relación con su esposo, procura pasar por encima de su autoridad, e incluso le hace saber que no lo necesita, pues es una mujer dueña de sí misma, independiente. Todas estas actitudes representan una erosión en esa casa que es la familia.

Mujer, el llamado más solemne que Dios te encomendó en esta tierra es edificar tu hogar, con sabiduría, paciencia y sujeción amorosa. Es precisamente por esa tarea que el Señor te juzgará cuando venga por segunda vez a la tierra.

Puede que digas: “tú no sabes cómo es mi casa, a mí me toca hacer las veces de hombre, de mujer, de niñera, de cocinera, de albañil, de todo”. Bueno, hazlo para la gloria de Dios; el hecho de que alguien en tu hogar no esté desempeñando correctamente su función, no quiere decir que tú tienes el permiso de bajar la guardia y hacer lo que Dios no te ha mandado a hacer. Tienes una responsabilidad importante a la cual Dios te ha llamado al casarte y formar un hogar.

Como esposo de una madre primeriza que debe salir a trabajar, y como hijo de una madre de tres hijos que sostiene su hogar, sé que no es una tarea fácil. Ningún ministerio de Dios lo es. Es agotador cumplir este llamado. Vas a tener el deseo de tirar la toalla, vas a enfrentar frustraciones en la crianza de tus hijos, querrás huir, empezar una nueva vida, incluso serás tentada a recomendarle a tus hijas, sobrinas o amigas que nunca se casen ni tengan hijos. ¿Quién dijo que sería fácil hacer la voluntad de Dios?

Sin embargo, mujer, así como Pablo le dijo a su discípulo Timoteo, así yo te extiendo esta exhortación hoy: “cumple tu ministerio”. “Cumple tu ministerio”. Sé fiel al Señor en tu llamado, sé una mujer sabía que edifica su casa, para gloria de Dios, y él recompensará tu fidelidad.